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Nov
09

La etimología es una forma de poesía popular.

Hay que entender que lo políticamente correcto es algo relativamente moderno y que a las expresiones de otras épocas poco se le puede pedir en este aspecto. Partes de la Península Ibérica, según el momento de romanización en que se encontraran, fueron concedidas como premio a los legionarios retirados y ya se sabe que el humor castrense, entre gentes que hubieran pasado tantos años abriendo tripas con armas blancas, es decir, desde muy cerca, no iba a detenerse en muchas lindezas.

De ahí que nuestro actual “sueldo” proceda del latín SOLIDU (sólido), del que también procede “suelo”. Esto se debe a que reclamaran que se les pagara con moneda, en metálico, y no con pagarés ni otras zarandajas, que son sólo papelitos con un valor abstracto.

Nuestro actual “trabajo” es un chiste del que se ha perdido la referencia: la palabra viene de TRIPALIU, “tres palos”, algo así como un sitio donde atar a la gente para torturarla o azotarla. “Chacho, que me voy a la tortura” me imagino que le diría un currante a otro camino de sus cultivos. Triunfó como broma acerca de ir a trabajar. Luego, el tripalio dejó de estar presente, pero para entonces ya había triunfado la palabra para el catalán (treball), castellano (trabajo), portugués (trabalho) y el francés (travail), mientras que en italiano sigue siendo “lavoro”.

Otra muestra del cachondeo que se gastaban nuestros antepasados (si tenemos dos padres, cuatro abuelos y ocho bisabuelos, es fácil que, con esta progresión, consideremos como antepasado a cualquier persona antigua, aunque no exista continuidad biológica) se observa en la palabra “canícula” y que en español se refiere a los periodos de un calor insoportable.

Su origen es una antigua broma que los hablantes de la actualidad desconocen: CANIS (perro) + CULA (sufijo diminutivo femenino), es decir, “perrita”.

“Canícula” se usó para decir que se estaba más caliente que una perra en celo (a horny little dog female), jugando con los dos significados de elevada temperatura y con ganas de juerga. Con el tiempo, se siguió recurriendo a esta palabra para los períodos de mucho calor, sin viento, etc. pero sin reconocer el origen.

De CANICULA y CANICULU proceden también las palabras en español “canija” y “canijo”, es decir, “pequeño, poco desarrollado”, normalmente para referirse a personas de corta estatura.

Otra curiosidad sobre el diminutivo -CULA: nuestras actuales palabras “oveja” y “abeja” no proceden de las latinas OVIS o APIS, sino de sus diminutivos OVICULA y APICULA, es decir, de lo que en latín significaba “ovejita” y “abejita”.

En el futuro veremos otras etimologías curiosas, sin entrar en los aspectos fonéticos, que desde siempre me han hecho pensar que las palabras de por sí, de cómo han rodado por los siglos desgastándose y adquiriendo cualidades a través de su uso por todos, pueden entenderse como una especie de poesía popular.

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